viernes, 15 de julio de 2011

Dejarse llevar por la apariencia.


-Buenas noches preciosa. ¿Me concedería el honor de invitarle a una copa?
-No se moleste.
-Venga preciosa, no te hagas la difícil conmigo. 
Se levantó un tanto nerviosa y agarró su bolso dispuesta a marcharse.
-Eh! ¿Te vas tan pronto? ¿Qué formas son esas?- le dijo sujetándola del brazo.
Bruscamente se deshizo de sus manos.
Mire, el hecho de que esté sola no significa que necesite compañía, y permítame preguntarle. ¿Por qué no se acerca a otra persona? Porque yo le atraigo físicamente, ¿no?
Claro, olvidaba que el físico lo es todo, de nada importa que… - Se interrumpió así misma.- Mire a esa mujer de allí, la del traje gris, que está leyendo.- El hombre la miró extrañado, ella le hizo caso omiso y continuó- Puede ser que a esa mujer le guste caminar por las calles de verano, sentir el calor del fuego, ver el amanecer, tomar el café de las ocho y el té de las cinco, ver una película los viernes y salir a bailar los sábados. Y refugiarse las tardes del invierno sentada en el sofá escuchando a Ray Charles mientras lee. Pero, ¿sabe? Eso usted nunca lo sabrá, porque no tendrá el valor de acercarse a ella. Tan sólo se dejará llevar por unos labios de carmín y unos tacones altos, olvidándolos al día siguiente. 

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